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El arte es
tan misterioso: aparece y desvanece según sus leyes, que son
desconocidas. El arte es tan profundo: que no se le encuentra
el fondo, ni el fin, ni el sentido absoluto, que de momento se
alumbran y luego se ocultan. El arte es tan ingrato: que sus
auténticos creadores no logran disfrutarlo que por segundos. Y
el arte cuesta la vida. |
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El arte
tiene muchos servidores, y de ellos algunos quedan siempre
rezagados de su regazo, pues el arte no se debe a la ciencia, ni
al rigor , ni a la conciencia. Dentro de los oficiantes devotos,
de los que practican el rito con frenesí, de los que persiguen al
fantasma que es el arte, y lo encuentran, se halla, en esta
reglón, Norberto D' Abreu. Norberto viene de los Portugalés y los
Caracas, con su pasión a cuestas. Se instala con su Musa
Ceramista, Gisela Arvelo, en un altito verde de un costado de El
Manzano. Va con su mirada febril, con su soberbia de niño y de
duende, refigurando al mundo. Intenta ser preciso, real, puntual,
según los códigos. Pinta en forma correcta, si hablamos en
términos pictóricos. A veces, pese a la preocupación formal que lo
embarga, se le siente una voluntad cromática, una sensibilidad, un
talento especial en ciernes. Y sucede, luego de tantas
aproximaciones, de tanta pintura, de tantos desvelos, de tanta
pasión, el estallido. Quizás también a causa de un duende,
actualmente bien insertado en una burocracia cultural. |
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Marco Tulio
Mendoza, médico del alma por más señas, quien por su sinceridad en
el sentir, su capacidad de organización, su incesante y alegre
labor que moviliza cualquier segmento inerte del área cultural,
convocó a Norberto a exponer en la UCLA , y a ilustrar, usos ,
oficios y cultura de nuestro pueblo. Y entonces, ha sido
exactamente en ese entonces, que a Norberto se le encendió toda la
luz de la creación, que pasa por una superación del límite
existente, aunque se tratara de un límite aúreo; así como una
trasgresión de lo que está hasta el presente permitido, (que nunca
representa todo lo permisible) y de una elevación de sus propios
linderos, sin traicionar a su fuero interior a sus convicciones
íntimas, a su personal dogmática y liturgia. |
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Y entonces
Norberto, con el oro de una lámina y del sol, con los marcos
desaparecidos en las arenarias del tiempo, con la memoria de un
rostro alargado en una ventisca oscura, con el sonido melancólico
de una flauta y una tambora wayuu, Norberto decía, realizo un
cuadro estupendo, gótico francés o barroco de donde sea, con el
tema de la Chicha Maya, esta danza matriarcal, que, desde el
espesor de una memoria y un talento culto, celebra nuestro génesis
olvidado. |
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Y entonces
Norberto se atrevió también a reordenar los ídolos, a cruzar
las ferias ebrias del presente, a invocar las imágenes de los
protectores, y San Benito bajó entre multitudes de engaños,
desde las mismas láminas doradas por la sencilla fe de las
almas, celebradas con la gracia, solamente un pelo más
rústica, de Gentile da Fabriano. Y entonces Norberto desgarro
los verdes y los violetas, los mezcló con los metales y las
máscaras, e hizo otra obra con la burriquita, violento,
desgarrado, hermoso. No estaban todavía acabados los restantes
cuadros. Volveré a descubrirlos. Mientras tanto acompaño el
lenguaje que está naciendo, el preciosismo que se ahoga en el
esplendor del gesto, y en la luciente, sicótica belleza del
material, rescatado al olvido, observando con gusto la
convicción de Norberto que le ha hecho seguir el sendero de la
soledad creativa, y la posibilidad, ya lanteada, de estar
deteniendo o atrapando este fantasma, esta ilusión, esta
obsesión, este enigma, que es el arte. |
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